Pablo Reche “Autista” (por Pablo Picco)

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Pablo Reche “Autista”

¡Ey!¡Acá está Pablo Reche de vuelta! Nuevamente, reformado y tratando de encausar en formato de disco sus experiencias de drone, haciendo que sus viajes sónicos puedan ser disfrutables en cualquier momento y no solamente nutrirse de sus explosivas experiencias en vivo. Impulsive Habitat  (sello latinoamericano curado por Juan José Calarco y David Vélez y responsables de otros registros de conocidos de la casa como los de Zigo, y un largo etcétera.) decide alojar estos dos tracks que se resuelven en menos de veinte minutos en descarga directa desde aquí

Los recuerdos de los shows de Pablo son variados, y vuelven una vez comienzo a escribir la reseña: Acá en Córdoba lo disfruté como cuatro veces, todas distintas, todos con diferentes sistemas sonoros con sus particularidades: recuerdo un ambiente tipo nave espacial en descenso chocando con pequeñas basuras y asteroiditos típicos de atmósfera en el Museo de Arte Moderno cerca del Chateau, recuerdo una gran corriente hipnótica grave y roja en Casa Babylon allá por el 2005, recuerdo un estridente zumbido de oídos en el España Córdoba, antes de saber o tratar de asimilar la música experimental o por lo menos saborear alguno de los sentidos del noise drone en el 2001, recuerdo también frecuencias graves que me despertaban entre ronquidos luego de un día pesadísimo en la distancia de aquellas jornadas estudiantiles allá por el 2006.

Pero de los registros en disco tengo mucho menos presente su paso. Apenas una especie de EP o Single con Alan Courtis de hace ya casi diez años (o más) parte responsable de que mi pequeño equipo de parlantes de ese entonces sucumba. Pero esto casi siempre es así pibe, si querés disfrutar y meterte en la ola de ruido, algo tenés que perder en el ritual de iniciación.

“Austita” es lo que considero de alguna forma uno de los caminos que venía tomando el músico desde hace tiempo, en donde se concentra en crear ambientes que apenas llenan el espacio y que se van presentando con varios cambios en el tiempo, a diferencia de otros caminos más concretos y constantes en su carrera. Más cercanos al ala de lo que se considera Field Recordings que en todas las otras experiencias que tuve con su música. El primer track resuena por toda la casa, ahora que me mudé a las afueras de Córdoba y se integra perfectamente a los ambientes húmedos de este Febrero-Marzo-Abril pasados por agua, agradeciendo al Monsanto de cada día por tener estos veranos de gigantes hojas verdes en donde los rayos de sol resultan anecdóticos, apenas espiando por la muralla de nubes del firmamento. La ranas contentas, su plan de procreación parece tener el éxito en esas noches de instinto sin interrupción. Dentro de la garganta cargada de la naturaleza, las voces se vuelven variadas, los autos distantes se cubren en la amalgama de la noche y circulan en la interminable curva de la autopista ¿Hacia un lugar más templado quizás?¿Hacia un rocío mañanero que se siente en el panorama del frente del vehículo y que los traspasan dirigiéndose directamente a la nariz del piloto y el copiloto?. La experiencia auditiva se vuelve un tanto más eléctrica pasados los cinco minutos: pequeñas cabecita de himenópteros en una charla evolutiva, en una comunicación de miles de años. El verdadero sabor de la avispa, que tratamos de entregar con Omasín allá por el 2009, ahora Reche te lo da en cucharaditas con un poco de esencia de Limón. Perfecto.

“Autista” se abre camino ahora y mediante una lluvia que se cuelga por el alero, en el momento que la pava hierve en más húmeda conciencia, las manos van buscando actividades, como acomodar la caja de herramientas, como terminar de sellar las cañerías rotas, como terminar de usar el taladro acuático para devolverle ese flujo de fluido a toda la casa en donde vivimos, sin dejar sin teflón los puntos más importantes. La oreja vuelve a estirarse y se coloca a la altura de una manta arriba de la alfombra verde, la alfombra de los territorios desconocidos e indefinidos de la vegetación nocturna que fagocita la presencia humana, la engulle y destruye como los árboles que se abren paso por las paredes abandonadas o los hongos dueños y señores de nuestra madre casa.

Todo el sistema anterior se transforma instantáneamente en golpes incesantes y respiratorios ubicados a la derecha de nuestra audiovisión.

Y finalmente nunca estuvo esta bomba de agua tan cerca como hoy, porque esos repetidos quejidos no son más que los latidos de nuestro propio corazón.

Pablo Picco

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