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5 Discos del 2019 por Pablo Picco

Un top 5 de discos de Sudamerica editados en 2019 por Pablo Picco.

Traspaso piezo-etérico por las puertas y la cosmovisión de la electricidad: Ariel (la persona detrás del torrente sódico del proyecto) diseña y dispone aparatos en donde penetra capa por capa de ruido estático con el que convoca a diferentes seres luminosos en blanco y negro. Luces al final de una cueva en donde aparece un anciano, paciente emprendedor del tai-chi, que concentrado grita y gime en todos los puntos cardinales. De sus manos, de sus inmaculadas palmas, aparece más ruido en forma de interferencia. Brota indiferente y excelso produciendo distorsión granulizada.
El abrazo de la estática en este disco es ideal para respirar y hacer ejercicios meditativos, en casa, solo ó acompañado, con mascotas ó amigos humanos.

No entiendo porqué (quizás sea porque la misma persona que ejecuta estos sonidos es del sur de nuestro país), pero cada vez que escucho estos sonidos, vuelvo a recordar el film de Lisandro Alonso, “Jauja” . La extensión de esa llanura, los personajes dispuestos en la lontananza, desarraigados, similares a los que aparecen en la tapa del disco. Martines fierros olvidados, pasados de hambre en un suelo desierto, lleno de desarmonía, con una paz que no es la interior, sino más bien la que apenas puede uno conciliar con las pequeñas ramas y vegetación enana y amarreta de los lugares con mucho viento.
Electrónica que se va repitiendo, avanzando y retrocediendo, en loop, pero sin loop.

Profunda melancolía que a uno lo atraviesa todos los días. El personaje de Wauters tiene un aura que lo hace ir de un lado al otro de la existencia como un trovador acústico y auténtico.La vida completa retratada en la calle, con la familia, con los amigos, en el trabajo, las penas que van y vienen y que parecen durar centenios o bien se cuelan en nuestra rutina apenas una tarde en la que se nos ocurrió mirar por una ventana. El uruguayo canta a la espesura de la vida cotidiana, agria y dulce como el vino que sale de cada una de las bocas de los países que visitó a la hora de armar esta latinoamérica llena de color y fútbol.

“Angus Maclise estaría orgulloso de este disco” debería decir en los créditos de esta concreta compilación de sonidos vlubianos, interdimensionalmente trazada y dibujada por Salvador Cresta en la tapa. El vórtice multicolor de dibujante promete valores cromáticos variados, llenos de arcoiris infectados con extraños seres multiformes. El lado A es un amplio drone en donde la línea se va expandiendo con sonidos e instrumentos que acompañan al oscilador principal, violines, percusiones, y hasta un papá noel borracho que en un momento escupe y blasfema en una lengua lejana.
El lado 2, depara más detalles y excentricidades, varias de ellas mezcladas con el espíritu de Faust, compilado en bocadillos Kraut rock con combinaciones de guitarras imposibles, sintes ruidosos y fangosos y voces que viene desde adentro de la cueva,

El box set definitivo-combinatorio-fulgurante de la agrupación estrella de la música experimental argentina, puede llegar a dejar sin aliento a cualquiera que supere de un impulso el poder escuchar 5 discos cargados de todos los formatos experimentales posibles: rock de guitarras y cánticos de tomasín, noise distorsionado sub cutáneo, field recordings en las argentinas de los cacerolazos, jazz procesado y vomitado, demencia absoluta y cíclica. Reynols es la música misma que viene a manifestarse contra cualquier prejuicio Reynolsesnadareynolsestodo.

BONUS TRACK de los 5:
La máquina imposible, “Piano Preparado” (Kriptonia, 2019)
Cordófono procesado: Cuatro manos, dos manos, tres nucas, cinco cabezas, sobre las cuerdas. Todo combinado con granos digitales que se reproducen y se vomitan por aquí y por allá. Nuevas direcciones en el instrumento percutido que esperan ser descubiertas en la vuelta de cada esquina.
Por momentos lleno de seriedad, por momentos, piano estomacal.

Además, por supuesto, me pone contento todos los discos de los amigos que salieron este año y que andan por ahí:

Pandelindio con su split con con Ryley Walker y la música que proviene de las esferas
y el inminente vinilo de “De Zon”, con un tema nuevo y otro viejo, de los comienzos de la agrupación, del pandelindio de antaño, psiquis meditativa y descriptiva.

El gran disco de Sombra con Mrs, que combina grabaciones de campo, sintetizadores digitales, cintas y bases de bajo salidas de abajo de un tren.

El disco de Nonoise 79, que sorprende por la cantidad de piano en todas sus extensiones.

El disco del Anastasio Pizarro (con música de hecha por él para algunos audiovisuales, poemas con su padre, ambientes lejanos, etc.).

La compilación del percusionista peruano “Chocolate” y la de Edgar Valcarcel del finísimo trabajo de Luis Alvarado para su sello Buh Records.

El atemperado disco ambient de Lorenzo Gomez Oviedo que se va esfumando a medida de que un atardecer se desarrolla.

El disco de los síquicos, que dan ganas de abrir un tetra brick en la tarde de domingo y tirarse a la pileta por más sucia que esté.

Y más, seguro, pero que en este momento no me acuerdo y si a lo mejor me faltó tiempo para escucharles a todes.

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